Mientras la prensa oficial de determinados equipos, llena páginas con “pretemporadas perfectas” en las que se le ha ganado a equipos chinos y de Estados Unidos, Marcelino y su Sevilla siguen partido a partido, a lo suyo y sin hacer demasiado ruido de Despeñaperros hacia arriba. Esta noche, era el turno de medirse al todopoderoso Nápoles, tercero de la liga italiana y con billete para la Champions sin previa alguna que disputar. Algo más de un cuarto de hora tardó el Sevilla en demostrar quien es de Champions de verdad, digan lo que digan las clasificaciones. Combinación novedosa con Trochowski en el trallazo y Coke en el rechace. El lateral, muy activo tras recuperarse de su lesión, hará trabajar y mucho al campeón de América Martín Cáceres en la lucha por un puesto. Y si no estaba Fazio, sale Salva y como si tal cosa en el centro del campo, dando lugar a un Sevilla que volvió a demostrar que no hay quien le arrugue en esta pretemporada. La sensación de que si hay ocasión en ataque, lo más lógico es que acabe en gol, sigue intacta desde el partido ante la Roteña, lo que habla bien a las claras del buen momento de forma del ataque sevillista.
Aunque el Nápoles se tomó el duelo como la vuelta de esa eliminatoria de previa de Champions que no tendrá que jugar, ni el brusco desempeño italiano consiguió amedrentar al Sevilla, que sigue mostrando a las mil maravillas las señas de identidad “Made in Marcelino”. Buena presión adelantada y una defensa cada vez más sólida, que sólo permitió a los napolitanos marcar desde los once metros. Antes, Kanouté había acudido fiel a su cita con el gol al aprovechar un centro medido de Jesús Navas, jugadas con las que el Sevilla se hizo grande y que vuelven a aparecer en el ilusionante horizonte de Nervión. Al final, volvió a quedar claro que a los italianos no les gusta perder ni al parchís. Patadas y enganchones que acabaron con dos expulsados en el bando celeste y con el dudoso honor para Spahic de ver la primera roja como sevillista. El bosnio sólo pasaba por la trifulca, pero se quedó demasiado tiempo.
También hubo tiempo para ver a Campaña, que da la impresión de tener quince años más sobre el césped, y a un Luis Alberto que volvió a demostrar que es un futbolista de flashes, pero flashes que pueden iluminar todo un partido. Su pase a Perotti evidenció la falta de físico del argentino tras la lesión, pues no culminó tras quedarse sólo en el área. Al final, Trofeo MSC Cruceros para el Sevilla, que ahora sólo tiene ante sí el Teresa Herrera antes de que salgan los Miura.






