Aquel Sevilla que era una balsa de aceite parece ya ser parte de la historia. Ahora el club da noticias casi todos los días, y por desgracia casi nunca son positivas. Hoy, sin ir más lejos, nos desayunamos con una de esas historias que a nadie les sorprende y que nadie osa poner en duda, por muy sospechosa que sea la fuente. A mi, desde luego, con el nombre de los protagonistas ya me han convencido. Lo han hecho porque no es la primera vez que Ndri Romaric, ese hombre que se había reformado y que había hecho propósito de enmienda ganándose a la grada sólo con un buen partido en casa ante el Athletic, nos la ha vuelto a jugar. Iba acompañado de Didier Zokora, un futbolista que llegó el verano pasado comiéndose el mundo y que se ha ido consumiendo como una vela con el paso de los meses, hasta convertirse en el suplente de lujo de un equipo que no se encuentra a sí mismo en el centro del campo.
Según el Diario Marca, pero ya digo que me lo tengo que creer lo diga quien lo diga, Romaric y Zokora se escaparon cual delincuentes del hotel de concentración del Sevilla en Barcelona, para salir de marcha la noche antes de un partido en el que nos colaron nada más que cinco chicharritos en el Camp Nou. El primero fue incluso titular, mientras que el segundo salió en la segunda parte, cuando ya todo estaba hecho para volver con la cara colorada a Sevilla. O al menos con la derrota, porque está visto que a algunos le duele más que a otros. El club, que los ha pillado gracias a las cámaras de seguridad del hotel, les ha endosado treinta mil euros a cada uno y aquí paz y después gloria, porque Romaric sigue pasándose por los campos como si tal cosa, con un rendimiento que nada tiene que ver con el de aquellos días de arrepentimiento, por cierto.
Ante esto hay dos opciones. O matar al mensajero por desprestigiar a mi club y sacar las verdades a la luz, o echar mierda sobre dos tíos que están cobrando, en parte, del dinero que los socios se dejan cada verano en las taquillas del Sánchez Pizjuán. A mi no me sale matar a nadie. Sólo cabe preguntarle a Monchi de qué está llenando ese vestuario que antes sólo buscaba ganar y dejárselo todo en el campo sin tanto dinero encima de la mesa.






