Yo ciudadeportiveo; tu ciudadeportiveas, él ciudadeportivea, nosotros ciudadeportiveamos, vosotros ciudadeportiveais y ellos ciudadeportivean.
Ciudadadeportivear: dícese de la actividad quincenal que muchos ilusionados sevillistas realizamos para asistir a los partidos que el Sevilla Atlético disputa en la Cisneros Palacios.
Ante la penosa impresión que está ofreciendo el primer equipo por culpa de sus aburguesados, acomodados y malacostumbrados componentes, la fiel infantería ha encontrado refugio en el juego brillante y efectivo que practican los chavales de Tejada.
Tengo que confesar que hoy en día presto bastante más atención a lo que ocurre alrededor del filial que al primer equipo. Desde que termina el partido en la ciudad deportiva solo pienso en los días que faltan para el partido siguiente. Aquí no hay fichas millonarias, ni primas de escándalo. Hay mucha ilusión, muchos sueños por cumplir, mucha camaradería, mucha solidaridad y sobre todo mucha casta, por decirlo suavemente.
Da gusto ver como estos chavales no especulan con el balón, tienen verticalidad y no le pierden nunca la cara al rival. Rivales que normalmente casi les doblan en edad pero que no les llegan ni a los tobillos en cuanto a ilusión y compromiso. Y al frente de ellos un entrenador valiente que aún jugando fuera no duda en quitar a un defensa para introducir a un delantero si no tiene asegurados los tres puntos en litigio.
Mañana volveremos a ciudadeportivear haga el tiempo que haga. Los chavales han de estar arropados porque lo están dando todo por unos colores. Más adelante es posible que se maleen pero por ahora resulta obligatorio disfrutar de su juego, de sus victorias, y sobre todo, de su inocencia.
Mañana nueva cita a las 11.30. La víctima: el CD Roquetas.





