Todo el que haya visto el partido se estará preguntando dónde está ese Sevilla que bailó al Atlético hace solo dos semanas. El partido de hoy ha sido un calco del de Alicante, muy blanditos en defensa, faltos de garra en el centro del campo y un rival extramotivado por Manuel Preciado, el Caparrós asturiano. El mérito del Sporting fue aprovechar al máximo sus armas; presionar muchísimo, encimar a los nuestros cada vez que nos hacíamos con el balón y correr una barbaridad. Todo eso unido a un contragolpe superefectivo y a una defensa sevillista en la que se echa demasiado en falta a Cáceres han completado el cóctel mortífero.
En ningún momento hemos estado cómodos en el campo. El gol a los cinco minutos nos hizo mucho daño, un gol donde Renato no molesta el remate franco de cabeza del delantero sportinguista que se cuela por toda la escuadra. No ha sido precisamente la mejor noche de Renato aunque sorprendentemente se mantuvo los noventa minutos sobre el campo en detrimento de un Romaric mucho más entonado que sin embargo tuvo que coger camino de los vestuarios a los pocos minutos de la reanudación. No se entiende muy bien este cambio como tampoco entendí el de Kanouté por Negredo cuando el que merecía irse a la ducha era Luis Fabiano. Dirá el vallecano que para jugar basta con protestar en los medios de comunicación. Esperemos que no se siente un precedente.
Cuando empezábamos a cogerle el aire al partido llegó el segundo gol local, un gol de churro del pretendido Diego Castro que aunque puso la pierna con intención la verdad es que contacta mal con el balón pero la trayectoria le sirvió para alejarla de los dedos de Palop y colarla pegadita a su poste izquierdo. Jarro de agua fria y bajada definitivamente de manos de los nuestros como finalmente se demostró. Tan solo Acosta en un par de ocasiones pudo maquillar una derrota a todas luces justa aunque un poquito abultada.
Nunca nos han sentado bien los parones ligueros y este no iba a ser una excepción. Sigo viendo mal fisicamente al equipo a pesar del descanso de dos semanas. Cuando me percaté de la presión que metía el Sporting desde el minuto uno aposté que en el 60 estarían fundidos. Craso error, los de rojo y blanco se han partido el alma y en el 95 seguían corriendo más que los nuestros. Y demos gracias de que no nos hayan caido un par de goles más gracias a San Palop y a un fuera de juego posicional bien decretado. Hoy no hemos centrado ni un balón al área, nuestra fuente principal de creación de peligro. El equipo echa demasiado en falta a Jesús Navas y a Capel en detrimento del palaciego. Detrás, Martín Cáceres se ha convertido en imprescindible porque Escudé sigue lentísimo y Alexis no tiene la colocación del uruguayo. Ya se sabe que quitar a un central en el descanso es darle un palo gordo pero el partido de hoy tal como se estaban desarrollando los acontecimientos, lo requería. Manzano sabrá y sacará conclusiones.
En resumen, palito a nuestra moral por parte de un equipo correoso en el que su mejor centrocampista, y no es un chiste, se llama Rivera. La cruda realidad nos obliga a poner los piés en el suelo y nos recuerda que sin pelea no hay paraiso. Ahora, a lamernos rapidamente las heridas que nos esperan los ucranianos el jueves.
Jugaron: Palop (2); konko (1); Escudé (0); Alexis (1), Navarro (1); Renato (0), Romaric (2); Alfaro (1); Perotti (1), Negredo (1), Luis Fabiano (1). En la segunda participaron Guarente (1), Kanouté (1) y Acosta (1).






